Thursday, July 21, 2011

El Amante de una Mujer Casada


Una historia basada en pechos reales

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Durante años me he preguntado por qué una mujer sale con un hombre casado. Las justificaciones que he recibido de las miles de mujeres a las que he interrogado al respecto han sido tan variadas como insólitas.
Suelo terminar de irritar a mis amigas feministas concluyendo que si una mujer sale con un hombre casado, en realidad no es por el hombre en sí, que vamos a estar claros, no ofrece mayores cualidades como para emprender tamaña empresa de consecuencias certeramente autodestructivas. Si algo las incita, prosigo, es la competencia cuaima vs. bichita, quitárselo a la otra y convertirse en la señora de… cualquiera.
Hago esta aseveración a la espera de que alguna de las mujeres que padecen el síndrome del hombre casado me la refute y me dé por fin alguna razón real y concreta por la que valga la pena el sacrificio y el sufrimiento que claramente ofrece la aventura.
Sin embargo, en un giro de esos con los que nos suele sorprender la vida, sobre todo cuando creemos estar a punto ya de dar con lo que buscamos, conocí a un hombre que le dio vuelta de 180 grados a mis teorías y me mostró en una conversación cándida y sin vericuetos, los pormenores del asunto desde una óptica más racional. Una visión que excluye las aristas de la competencia genérica y la adicción al drama con la que aderezan la coyuntura las mujeres, y nos permite recorrer el tema sin maquillaje ni distorsiones emocionales.
Fernando (me limito a su nombre para preservar su intimidad) es un abogado de 37 años, se considera moderadamente exitoso, tiene una novia hermosa que fue miss hace unos años y es, por encima de su rutina de hombre promedio, el amante de una mujer casada.

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Quedamos en almorzar en el Café Sambal, uno de los restaurantes del hotel Mandarin Oriental en Miami. Llegué, como suelo hacer, diez minutos antes a la cita, lo que me permitió poner en orden mis ideas y tomarme el primer Dry Vodka Martini straight-up con Kettle One, que valga el paréntesis es de los mejores del mundo gracias a la famosa barra del lobby del hotel.
Fernando llegó puntual, de flux y corbata a pesar del infernal y húmedo calor de ese día. Le di las gracias por acceder a compartir su peculiar historia conmigo (y con ustedes) y él se sintió halagado de poder hacerlo, luego comprendí el por qué.
Nos encontramos en Miami, siendo ambos venezolanos y residentes en Caracas la mayor parte del año, porque Fernando hacía esos días escala de uno de sus viajes “especiales”. Venía de uno de sus encuentros con la mujer casada con la que mantiene una relación desde hace casi cuatro años y era justamente allí, de regreso a la patria, a la rutina, a su novia, que me interesaba interceptarlo.
Esta vez había sido en Londres el encuentro. Específicamente en el hotel Dorchester donde su amante lo citó para pasar dos noches intensas de placeres inmediatos y conversaciones sin futuro. “Ha sido duro en muchas áreas, para empezar tuve que perfeccionar el inglés porque C (la mujer de quien sólo colocaremos su inicial) no habla español”, me comenta de entrada. Por lo general es en Londres o en Paris que ella lo cita, aunque una vez llegaron a verse en Dubai. “Verás, C es una mujer bastante célebre, extremadamente culta y enormemente valiente, no sólo por tener una relación paralela que podría, de descubrirse, poner en riesgo hasta su credibilidad profesional, sino también porque su trabajo como corresponsal de una conocida agencia internacional de noticias la suele colocar en lugares recónditos y hasta peligrosos en los que se suceden las más importantes noticias del mundo, lo que la ha hecho, entre otras cosas, acumular un buen número de millas de vuelo”. Fernando por su parte no se queda atrás porque una vez que C le envía el pin notificándole corporativa que tiene el boleto prepagado en tal línea aérea para, digamos, el lunes por la mañana, debe él poner un alto en su cotidianidad y escapar al otro lado del Atlántico, al otro lado del mundo, por apenas 48 horas y hacerla “una mujer feliz”.

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Se conocieron en Nueva York, en una gala benéfica de una fundación en la que Fernando iba acompañado de la que en octubre será su esposa. Una venezolana espectacular, como tantas otras, que fuera representante del estado Barinas en un pasado Miss Venezuela y que no tiene hasta el sol de hoy ni idea de estos exóticos paréntesis de su prometido. “Para entonces, me cuenta Fernando, mi inglés era bastante precario y C iba también acompañada de su esposo, pero creo que lo nuestro fue un flechazo metafísico, algo que estaba destinado a suceder por encima incluso de nuestras voluntades y de los miles de obstáculos aparentemente insalvables que desde el comienzo se nos presentaron. Ella me dio un apretón de manos profesional pero sus ojos se clavaron en mí de una manera que no he sentido nunca a una mujer mirarme. Ella lo decidió allí, en ese momento, no me cabe la menor duda, y tal vez fue precisamente por eso, por lo imposible que parecía el que un tipo como yo y una mujer como ella pudiéramos tener algo, que sucedió. C, que hoy está sentada entrevistando a Tony Blair y mañana a Ahmadineyad, es claramente una mujer de retos que no conoce de imposibles”.
Su esposo es también célebre en ciertos círculos financieros de Nueva York, ciudad donde C reside con su familia oficial, cosa que veta a la Gran Manzana como posible lugar de encuentro. Como el Medio Oriente es uno de sus destinos frecuentes, Londres y Paris son, pues, los puntos de encuentro de Fernando y C.
“Físicamente puede que a muchos les parezca C una mujer normal, mayorcita, e incluso carente de atractivo, pero no para mí. Te confieso sin pena que yo, que me he cogido a unas cuantas venezolanas de medidas perfectas y tetas de silicona, encuentro en la gravedad natural que asalta las formas de C un encanto irresistible, ¿sabes?, cuando por ejemplo uno termina de hacer el amor y queda exhausto mirando al techo y luego te vuelves a ver a la mujer con la que acabas de tener esa experiencia maravillosa y encuentras que es una mujer real, que sus senos se desparraman cómodamente en su pecho, que sus caderas, sus piernas, toda ella es efectivamente real, y que ella está absolutamente cómoda y feliz de ser como es, con arrugas y normalidades, que se para y va hacia el baño con esa desfachatez, sin importarle que yo le vea sus defectos, con la luz encendida y ese tono de desenfado de insolencia en el ser, eso, para uno que ve los pezones de las venezolanas apuntar invariablemente al norte pase lo que pase, resulta extraño y maravilloso”.

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Le pregunto entonces si está enamorado de ella y si no desearía que esa sensación que describe se prolongara más allá de un encuentro de 48 horas en un hotel. “Por supuesto que estoy enamorado de ella, más que eso, la amo, pero no quiero nada más que lo que tengo con ella, es perfecto, verás, yo respeto mucho la vida de C, es una mujer compleja e inteligente como ninguna que he conocido, está siempre en el ojo del huracán y lo que hace lo hace por pasión y amor a su trabajo, respeto eso, respeto a su esposo, que tiene que adorarla, y entiendo que lo nuestro, sea lo que sea, es algo que existe en esa medida justamente porque dura lo que dura, porque está prohibido, porque podría acabar con todo si se descubriera y porque no tiene futuro. Si yo dejara a mi novia y ella se divorciara y nos casáramos, eso tan extraordinario que disfrutamos no duraría ni un año. Ambos sabemos eso y no nos damos mala vida”.
Pero, insisto, cuando estás en Caracas y cenas con tu novia y mantienes con ella una conversación muy distinta a las que sostienes con C, cuando planificas la boda en octubre y sabes que tu vida se enrumba hacia destinos divergentes a los de una célebre corresponsal internacional de noticias, ¿qué sientes? “Que la puedo perder en cualquier momento, que puede que un día la que va a ser mi esposa esté a punto de dar a luz a mi hijo y no pueda yo responder al pin de C y ella pierda su interés en mí, claro, todo eso lo pienso, pienso que es inevitable que llegue ese día en el que C me diga que esa noche que acabamos de pasar en el Plaza Ateneé de Paris es la última y que ya no podremos vernos más. Sé que llegará el momento en el que su vida y la mía se vuelvan más complicadas aún y ya no podamos coincidir y tenga yo que conformarme con verla entrevistar a algún líder en televisión y mi recuerdo se vaya diluyendo en su memoria y pase a ser el venezolano aquel que se la cogía tan bien y con el que podía hablar y reír y olvidarse del agobiante acontecer mundial por unas horas, eso va a pasar, a la corta o a la larga, ambos lo sabemos y tal vez por eso los momentos que pasamos juntos los vivimos a plenitud, vivimos ese presente porque puede ser el último y eso es justamente lo que sostiene nuestra relación que ya va a cumplir cuatro años. Pase lo que pase, yo nunca la voy a olvidar, nunca la voy a recordar con resentimiento y sé que si lo nuestro termina, cuando termine, terminará bien, normal, como un acuerdo entre adultos, tal como comenzó, como una ventana que juntos abrimos y por la que disfrutamos de un mundo que es sólo nuestro, efímero, puede ser, pero nuestro, y eso que se siente, esa emoción, ese secreto, junto con los placeres que disfrutamos juntos, es lo que hace que el hecho de que ella sea casada y yo vaya a casarme en breve sean apenas detalles menores”.

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Me termino el cuarto vodka. Ya casi es de noche pero queda suficiente luz para ver la aleta de un delfín en la bahía. Fernando se marchó hace ya más de una hora, pero yo sigo aquí, algo perturbado con la historia. Debo reconocer ahora que como me seducen las mujeres con poder estoy además algo envidioso de Fernando y sus citas con C. Pero por encima de todo creo que he comprendido algo que durante años ninguna mujer me había sabido explicar. Fernando no espera convertirse en el esposo de C, no quiere tener con ella nada más que lo que tienen. No está celoso de su esposo, no ha detenido tampoco su propia vida para ponerla a merced de los deseos de C. No se exigen nada, no se reclaman cosas. Tal y como lo describió el amante de esa mujer casada, lo que tienen es un clarísimo acuerdo entre adultos. Un pacto por demás excitante y casi envidiable, pienso, aunque no sé si las complicaciones que trae sean aptas para todo el mundo. 
Algo enamorado yo también de C, brindo por ella y por Fernando y me propongo ahora abandonar el tema. Estoy ya bastante ebrio como para ponerme a sacar conclusiones.



6 comments:

  1. Gracias por compartir la historia... todos envidiamos ese flechazo metafísico, ese desenfado por vivir el presente... pero como abogada del diablo me pregunto y si estamos del otro lado, si somos la novia o el esposo ¿qué hacemos? ¿buscamos nuestro flechazo metafísico? :)

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  2. Y si esa novia o ese esposo están felices con la relación? con no saber nada? tal vez ellos ya tienen ese "flechazo metafísico" con su pareja, aunque la pareja tenga una segunda relación

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  3. Y cada palabra Luis es estar en tu memoria. Definitivamente eres un gran transmisor de emociones. :)

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  4. Luis desconocía la existencia de esta cajita de sorpresas que me ha resultado tu blog. Coincido con la Sra. O srita de arriba, eres un gran transmisor de emociones, a medida que te leo te imagino hablando pues tienes una gran facilidad para contar historias, y esta, inspirada en "pechos reales " me ha parecido tan honesta que es difícil no ponerse en los zapatos del protagonista y su amor prohibido pero libre, sin remordimientos, egoísta eso si y con potencial para dañar la vida de los involucrados... Invita a la reflexión sin duda alguna. Te felicito no dejes de traernos tus artículos tan irreverentes . Saludos desde la isla de Margarita. Carmen.

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  5. Me encanta tu blog, y lo leo con cierta frecuencia, pero invariablemente, salgo deprimida de él...
    Afortunadamente, la vida afuera se me empeña en ser un poco más bonita, y respiro de nuevo aliviada.

    Gracias, creo...
    Besos.

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  6. Confieso que leer esto me aclaró muchísimas cosas sobre mi situación actual, digamos que ahorita estoy en esa transición de convertirme en un Fernando versión femenina, pero con un toque de determinación de C. Tengo mi novio con quien tengo planificado casarme pero sentí ese flechazo metafísico con alguien casado y como una mujer de retos que soy al igual que C se me ha metido en la cabeza que por lo menos un encuentro debo tener con este hombre, sin ataduras, sin asginarnos sustantivos, solo disfrutar el momento y ya. Antes de visitar este blog la conciencia no me dejaba en paz, pensaba: "soy una porquería de persona" "como puedo sentir deseos tan fuertes por alguien teniendo al hombre que considero ideal a mi lado?" , hasta ahora, gracias por hacerme saber que no estoy loca.

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